martes
Como la vaca al Toro
jueves
La decadencia fotográfica

domingo
It's allright
martes
Cool o no cool? es esa la cuestión
viernes
Mentiras piadosas
Nos mentimos. Todo el tiempo. Excusas y más excusas. Nos cuesta aceptar la realidad. Queremos pintarla un poco. Que sea un poco más de película. A veces queremos que sea un poco menos de película, esas veces en que decis "dale, esto no me puede estar pasando a mí".
Y se dicen tantas cosas. Algunas a veces rozan lo inverosímil, otras tienen gusto a nada. Cuántas frases habrán salido de nuestra boca que se quedaron ahí, en el aire suspendidas. Ejemplifiquemos:
Llega el día en que entras a la facultad, te sentas, sacas una hoja y... te das cuenta de que no sabes nada. Después de quemarte las neuronas intentando remar lo inrremable, aceptas la realidad luego de una lucha que duró entre 2 y 3 horas y entregas tu única hojita. Y ahí lo pensás, es inevitable no sentir que la culpa te carcome... y entonces lo decís: "Para el próximo parcial empiezo a estudiar un mes antes". consuelo de tontos, en este ya te fue mal.... y lo peor que te puede pasar es que te haya ido bien, porque entonces otra vez vas a dejar todo para la noche anterior. Y es más, si te fue mal... también lo vas a dejar para el final.
Noche de fiesta, alegrías y un poco de descontrol. Después de llegar roto a tu casa y encontrar la cama mientras vas tanteando las paredes, llegas a la conclusión que se va a reafirmar al día siguiente cuando abras los ojos: “no tomo nunca más en mi vida”, pero sabes que el próximo fin de semana, la cerveza y el fernet te van a estar esperando con los brazos abiertos. Y los vas a abrazar.
El mismo muchacho que te viene volviendo loca hace ya no sabes cuantos años, que cada vez que esta solo reaparecen sus mensajes de texto tan ausentes en los últimos meses, en lo que seguramente estuvo de novio, ahora, obviamente... lo dejaron. Está solo y te busca. Y vos vas a su encuentro, para consolarlo, para que sepa que no esta solo, que vos siempre estas para él. Y a las semanas... vuelve a desaparecer para reaparecer en escena recién meses después. Lees su mensaje insulso que solo dice "cómo andas?" pero vos ya sabés que eso engloba un "estoy solo, te extraño, me dejó mi novia, que haces esta noche?, no tenés ganas de que nos veamos? seguís sola?" Y vos, después de tantos prueba y error en los que descubriste que él no se va a quedar con vos decis para tus adentros: “no le vuelvo a dar bola nunca más”. Y te pones firme. Pasan los minutos y él, pareciendo casi enamorado y desesperado por verte, manda otro sms:"tenés ganas de ir a tomar algo?" Y te das cuenta de que es viernes, estas sola en tu casa, son las 11 de la noche y ya tenés puesto el pijama. Volvés a mirar el celular.... "dale, pasame a buscar en media hora. Besos"
martes
nueve reinas
Con cuidado. Agarrá bien la cartera, cuida el celular del bolsillo, no sueltes el portafolio, cuidá el reloj, la cadenita, los anillos, el auto y más el stereo, no confíes en quien te pregunta la hora, tampoco en el apelotonamiento del subte, menos en la moto de la calle transitada. Inclusive, cuida lo que no tenés, porque seguro que también lo quieren.
Nos pasó alguna vez a todos. Nadie se salva. Algunos no se dieron cuenta, otros pasaron realmente un mal momento. Yo, no tuve tiempo de pensar que ya se habían ido.
En Bueno Aires encontré a mis amigos, pero tampoco hay que ser confiado, porque existe gente realmente mala.
¿Hambre? ¿Desesperación? ¿Maldad? ¿Inconsciencia? No sé realmente cuál es el factor que determina conducta tal. Puede que todo. El presidente, las diferencias, la envidia, el olvido, la ambición, la competencia, no poder satisfacerse con lo que se tiene, la bronca a los que roban pero no se escribe de ellos, que yo no nombro porque no los veo, pero también me roban… y lo hacen desde una oficina. Que te mienten con traje y pelo corto. Y no, no lo leas y sigas el renglón como si nada, porque a vos también te roban. ¿no te digo? Tené cuidado. Porque en las grandes ciudades nadie se salva.
sábado
Pink Vision
domingo
Un estilo reunido en un grupo
Somos muchos los habitantes. 2.776.138 millones, y eso sólo en la capital. Si sumás los partidos que rodean, llegamos a los 12.046.799.
Digo, toda esa gente en una provincia cuando el país tiene un total 36 millones de habitantes. ¿No quieren separarse un poco? Así puedo abrirme de brazos y no chocarme con nadie. Pero es sólo una sugerencia. A mí me gusta que seamos muchos, pero no lleguemos nunca al extremo de Beijing por favor. Y tampoco caminen todos en la misma calle por la que voy yo. A veces eso me pone muy nerviosa. Hay grupos de personas que ocupan todo lo ancho de la vereda, no tienen en cuenta que uno viene caminando apurado atrás de ellos y que los quiere pasar. Algunos son muy desconsiderados, y otros… te hacen sonreír cuando tenes un mal día.
¿No te pasó nunca, a vos, en tu ciudad, que dos desconocidos se hayan puesto a discutir en medio de la calle por algo tan simple como chocarse? Hay veces que no se lo que le pasa a la gente, si ellos también tienen un mal día, o si son así siempre. Pero no se haga tanta mala sangre señora, le va a subir la presión. Encima hace mucho calor hoy, sientese. Relajese. Fue solo un golpe. Ya pasó.
Acá podes encontrar de todo. Pero me gusta, porque nadie está solo. Cada uno dentro de su estilo particular, tiene a un grupo semejante a él.
Un grupo, un punto de encuentro correspondiente, y su marca de ropa correspondiente, su bar, su peluquería, se ve que tienen miedo de mezclarse, no vaya a ser que pierdan su “unicidad”, o vean algo en el otro grupo que les pueda gustar. Sería una tragedia para ellos.
Yo también cumplo con varios de esos rituales. Pero no considero que tenga algún estilo en particular. Soy a-estilo. Y más me gusta conocer a los que son diferente, me ayudan a darme cuenta de las cosas que me estoy perdiendo.
Por eso me gusta el subte. Porque ahí nos mezclamos todos. No hay medio de transporte correspondiente para cada grupo. Pero el subte es distinto a todo.
Cuando salgo de trabajar, y me tengo que ir en una de mis corridas diarias a la facultad, estoy 20 minutos adentro del subte.
Al principio creí que me iba a aburrir, porque no es como el tren, que podes ver por la ventanilla, que si es un lindo día te entra el sol, y si esta caluroso corre el aire.
y a vos qué te gusta?
Colecciono demasiadas cosas. Bolsas que me parecen lindas, monedas nacionales y extranjeras, historias ajenas que me gustan recordar, gente de la que me fui separando, nombres de calles que nunca aprendo donde quedan y entonces siempre tengo que preguntarle al señor del kiosco para qué lado tengo que caminar.
Mi abuela me decía que un día, de guardar tantas cosas, me van a comer las cucarachas, aunque prefiero que sean las arañas. Las cucarachas crujen cuando se las mata y eso me da escalofríos. La bomba atómica no la mata ¿sabías? Pero yo siempre digo que escaparán del poder nuclear, pero no al poder de mi zapatillazo.
Nunca conocí Hiroshima y menos Nagasaky, pero creo que ya es tarde para conocerlas, deben estar muy distintas a lo que alguna vez fueron.
Igual, sería un poco incomodo caminar por esas calles. Acá hay menos gente, menos autos. Y si bien las estrellas salen menos que en el campo, por lo menos salen y se dejan ver. Allá la polución los esta comiendo de a poco, y sus habitantes se están olvidando de cómo es una estrella. Estoy en un punto medio, justo donde me gusta estar.
Si una de esas bombas estallase acá… dudo que Buenos Aires volviese a tomar el color que tiene. Muy pocas películas tienen segundas partes buenas. Nada es como el original.
lunes
Lluvia
A veces solo me quedo viendo la gente pasar. Cada uno es un mundo. Desde acá arriba me pierdo algunos detalles, pero bueno, son las contras del 5to piso.
A veces me da pena lo q miro. Pero supongo que pasa eso en todas las ciudades. ¿no es así? ¿no pasa eso en todas las ciudades?
Aunque desde acá arriba es más fácil seleccionar que quiero ver y que no. A veces, pero solo a veces, cuando voy caminando, preferiría caminar con los ojos cerrados, solo hasta llegar a la esquina. Porque por supuesto, no todo puede ser admirable en Buenos Aires.
Los domingos de lluvia, esos en que ésta no me agarra de imprevisto, sino en casa, me paso la tarde viendo por la ventana: como la gente corre para no mojarse, los paraguas que se vuelan, las parejas que se besan y no les importa que se estén mojando, los que se pelean, los que se refugian abajo del techo del negocio de enfrente, y el agua que corre río abajo… ahora que puede, ahora que las calles ya no se inundan.
Pero igual, cuando estoy en la calle, yo no soy de los que corren, me gusta mojarme. Y lo que más placentero me resulta, es que aunque sea verano… me da frío. Los días de calor agobiante todos esperamos la lluvia, y cuando finalmente se larga, todos miran por sus ventanas, como si fuese un acontecimiento que pocas veces se da en la historia del hombre.
El olor a lluvia me hace acordar a la Santa Fe de mis abuelos… y además a Marcos, que siempre sabía que iba a llover “porque hay olor a lluvia”. Ay Marcos, ¿dónde andarás ahora? Su papá viajaba mucho, y Marcos viajaba con él. La última postal que me mandó era de Venezuela, pero hace muchos años… Yo todavía usaba el pelo largo.
sábado
gran vs. no tan gran
Buenos Aires está dividido en dos bandos pero ninguno se pelea por el otro, aunque muchas veces se quiere lo que ese otro tiene. El primer bando es el del ruido, el del centro, el movimiento, las luces, los colectivos, las bocinas y las alarmas. Se van a dormir y todo ese barullo, se convierte en un murmullo, que no los despierta, no les preocupa, no los asusta. Lo único que les molesta son los pájaros, que cantan a horas extrañas en las que ellos también deberían estar durmiendo. Cosa extraña, un pájaro les perturba el sueño pero no un colectivo. Esa es su realidad.
El otro bando, es el de la tranquilidad. Con casas bajas, jardines a la entrada y calles arboladas. Alejados de todo, dependiendo de un auto para ir a cualquier sitio, y también de las rejas, porque todos estamos asustados. Las calles son más estrechas, y menos transitadas, mucho menos. Pero cada tanto se ven en la necesidad de pasarse de bando, solo por un rato, solo por el trabajo. Y ellos se van a dormir con el grillo, con el perro que le ladra a la luna que se ve tal vez un poco más que del otro lado, pero sin antes poner la alarma, que esperemos… esta noche no suene.
Hace falta que diga a cuál pertenezco? Es claro que al primero, aunque me gusta pasear por el segundo, pero solo pasear, después quiero estar de vuelta en mi hábitat.
viernes
El tiempo es tirano en la televisión.... y en la vida.
Bueno, ¿qué pretenden? Hablamos de una gran ciudad. Los tiempos son otros, vuela. Entonces andamos todos a las corridas. Yo también corro, no se de qué, tal vez tengo miedo de llegar tarde a algún lugar, pero no se a donde.
Muchos se quejan de ese ritmo, de que así se estresan, que el año se pasa demasiado rápido, tanto que no se dieron cuenta y ya es Navidad, de que están todo el día en una oficina para llegar muertos a sus casas y que su día termine en un suspiro deseando la cama.
Pero a mí me gusta, intento disfrutar cada corrida, porque al fin y al cabo, mi vida está transcurriendo en esas corridas. Más vale hacer las paces con ellas.
martes
Baires
Disculpe, ¿Esta es la ciudad que nunca duerme?
Pareciera que se empecinan en poner calificativos a cada ciudad para establecer una competencia entre ellas, para ver cuál es mejor, en cuál pueden hacerse más actividades, cuál es más rica, cuál más grande, cuál más linda, cuál más divertida, y así podría seguir rato largo.
Buenos Aires, Argentina, América del Sur, entre el Océano Pacífico y el Atlántico, ¿ubicás? Es tan linda que tendrías que conocerla para creerme, es tan grande que te podes perder con el solo hecho de tomar un colectivo en dirección incorrecta, los edificios son cada vez más altos y más lindos, la gente es tan cálida que creo que se debe a que el sol acompaña casi todo el año, y el frío… cada vez es menos frío.
Pero claro, si te metes por alguna callecita, de las más chiquitas, te estás arriesgando demasiado. Tus posibilidades son dos: entrar en la parte que Buenos Aires tiene olvidada, en la que las calles nunca están iluminadas, en la que las casas están hechas de materiales muy diferentes a los del edificio, en la que los autos nunca quieren pasar y muchos se avergüenzan de nombrar.
O, la otra opción, es que te metes en la parte de Buenos Aires que no aparece en los mapas, donde los chicos siguen jugando en la calle, donde los señores mayores sacan sus sillas a la vereda para charlar con el vecino, donde se anda en bici y los perros enloquecen y te persiguen. Te metes en un Buenos Aires de hace muchos años atrás. Tantos, que pocos se acuerdan.
Cuidado, ambas calles te llevan al olvido, los que se encuentran ahí se siguen acordando, pero de ellos… ya me olvidé quienes se acuerdan.
jueves
Teoría I
Hagamos una aclaración, para poder entender la vida: la práctica está muy lejos de la teoría (el 98,3% de las veces) Está en cada uno de nosotros hacer que este ejercicio sea siempre un poco más perfecto y ambos conceptos se vayan alineando.Pero cuesta. Y una toma decisiones drásticas del estilo de “Hasta que no pase un año desde que conozco al chico, no pienso ponerme de novia con él, porque al final, siempre me venden algo que no es”
La idea, como toda idea innovadora, logra impactarme y captar mi atención. Me lleva a pensar que, entonces, esa persona con la que decidiéramos salir, sería un amigo, algún conocido de hace tiempo, pero me pregunto yo… nos seguirá emocionando el verlo?¿ no habremos podido establecer una verdadera relación porque la tan entrometida tensión sexual no nos deja ser como somos con "él" como con cualquier otro? Me cuesta figurarme personas que podrían entrar en la categoría “más de un año” y que podríamos hacer buena pareja.
Pero a quien piensa eso, se le escapó el detalle de que las cosas que pasan sin pensarlas, por casualidad (o causalidad como a otros les gusta pensar) y sin esfuerzo alguno, siempre salen mejor. Creo que porque tienen más libertad, se sienten más cómodas al poder maniobrar para donde gusten… sin estar sujetas a un mapa de la realidad.
Curioso. Veamos la realidad. Se le escapó de la teoría… pero no de la práctica. Se olvidó en ese momento de seguir los pasos fijados por la ciencia, no podía hacer sinapsis sobre qué era lo racional, raro en ella… teoricista un 100% (cree que la teoría es empiria pura, no necesita de comprobaciones fácticas)
Reconstruyamos los hechos: "él" nos deja con el alma destruida, una se encuentra sola y desamparada haciendo todo lo posible por sentirse peor y martirizandose por lo que ya no tiene. Ganas de nada, eso es lo que experimenta. Y se pone de fondo la canción de amor más triste que pueda haber. Ve las películas de amor más lindas de todas y piensa en lo sola que está. Una daga al medio del corazón. Después la calma va llegando, muy de a poco y empezamos a analizar en retrospectiva ese pequeño momento que se vivió en compañía de otro semejante. Pensar… se piensa tanto dirían los naturalistas que por eso nunca vamos a llegar a estar al nivel de las ciencias naturales. Pensamos en qué hicimos y qué dejamos de hacer, en qué se dijo y qué se dejó de decir, en lo que pudimos haber hecho y menos mal no hicimos, en lo que pudimos haber hecho y… la puta, no lo hicimos.
Entonces, se llega a la mejor conclusión del mundo. Para estar seguras. Para tener una obra social que nos respalde por si nos lastimamos. “Ahora sí eh! esta vez va enserio! Si no lo conozco por un año, no le pienso prestar atención!” Pero los acontecimientos se siguen sucediendo, no se finalizan al llegar a esta clave del supuesto éxito que permitirá que dejemos de sufrir.
Entonces, descubrimos a la semana y media de haber hecho nuestro mejor esfuerzo mental y haber concluido en lo que pudo haber sido la mejor teoría para nosotras hace una semana y media atrás, que ahí está, nos está mirando y nos encanta.
Te sentas con las piernas cruzadas ahora, te tocas el pelo y te haces la que te reís cuando no sabes ni de que hablan. Te pones de pie, vas caminando hacia el baño, moviendo tus caderas lo mejor posible, y seguro que pisas algo que te hace tropezar, o una cáscara de banana que te hace patinar, en cuestión… “acá no pasó nada” y seguís caminando. “Ojalá que justo recién no me haya estado mirando” pero atenete a las consecuencias, estabas haciendo todo para que te mire, y bueno…lo lograste. Te vio patinar. Llegas al baño, sonreís frente al espejo para comprobar que tus dientes tienen un color uniforme y no hay nada entre ellos que llame la atención. Comprobás cómo te queda mejor el pelo: si atado o suelto, si arreglado o con un despeinado “ocasional”. Te mirás de frente, y por las dudas también te mirás de espalda, asomando la cabecita por el hombro para ver tu reflejo en el espejo. Sisi, el pantalón te queda bien, ya lo sabias igual.
Volves al centro de reunión y se te acerca "él" a charlar. Y ahí empieza todo otra vez. El punto de partida de nuestra futura melancolía. La calma que de a poco había llegado, se esfumó más rápido que un chasquido.
Pero que bien se siente. En ese momento no importa cuanto es. ¿Una semana? ¿Tres meses? ¿Un año?Te decidis a arriesgarte, no podes perder nada. Sólo pasar por algo ya conocido. Qué tan grave puede ser esta vez.
martes
Realidad 1- Ficción 0
viernes
Luchar contra su abrazo
Primero y principal, hay que salir de la cama, ya sabemos que esas cosas siempre escapan a nuestro control y una se deja llevar. Pero no, correle las manos, que te suelte, y sentate en la silla de al lado, o mejor, de la cocina. cuanto más lejos mejor. Sino una se siente constantemente tentada.
Nada de pedir algún trago que te ponga mimosa. Un café. Bien negro. Para poder controlar todos tus movimiento y tus sentidos. Estar atenta y con los ojos bien abiertos.
Comer algo, eso es más entretenido. Y hay menos oportunidades de que surja un chamuyo barato que te haga caer rendida.
A algunos la música los ayuda como para dar un primer paso hacia adelante. A otros los desconcentra ya que no controlan tan bien su cuerpo. Si perteneces al grupo de los primeros, nada de bailar muy cerca ni de la mano. Mantenete lejos, y mejor que no sepas la letra de lo que suena, porque de modo contrario, te va a ir recitando la letra al oído y no lo vas a poder controlar. Vas a caer a sus pies.
No aceptes drogas de desconocidos, por eso mejor vamos a lo conocido. Una cafiaspirina bajada con coca cola. O bueno, si te animás, y estás muy desesperada... una cafia plus. Pero guarda con los efectos colaterales.
Dicen que para la tarde convienen unos mates. El hecho de tener que cebar te entretiene y vas tomando de a poquito. Se hace un momento agradable entre los dos.
Me gusta abrazar a la gente, me gusta que me abracen, pero no Morfeo. Por lo menos no mientras es de día.
Entonces voy recopilando consejos que me dan para ganarle al sueño, y más aún esos días en que la siesta es un lujo no permitido, el día empezó muy temprano y perfila terminar tarde. Tiempo hay, pero no muchas fuerzas ni ganas. El bostezo parece hipo de lo frecuente que suceden uno a otro. Y los ojos pesan.... pesan y arden y te piden a gritos cerrarlos. Pero vos sabes, que en cuanto los cierres....no los volves a abrir hasta dentro de 2 horas. Y te vas a querer matar!
Mirás la pila de fotocopias que tenes a tu lado, e intentas ponerle cariño. Pero no hay mucha química entre ustedes. Morfeo es mucho más seductor por el momento.
martes
Cortado
¿Será que la poca ingesta de azúcar durante el día hace perder la dulzura en la vida?
Algunos dicen que sí, otros decimos que no. Porque no es un patrón que rige en mi vida. Si tengo que elegir entre dulce o salado, siempre te voy a elegir lo primero. Pero después me gusta rematarlo con algo salado. Somos varios los que tenemos esos gustos.
Lo que sí hay ciertas manías que con el tiempo una no puede cambiar, o que lo va haciendo pero a un ritmo muuuuy lento, al son de manuelita. La selectividad. Entonces no significa que soy amarga como mi café, solo significa que soy dulce con quien quiero serlo y cuando quiero serlo. Hay momentos para todo. Me gusta también el día que estoy ácida cual limón.
Al fin y al cabo hay para todos los gustos. Algunos ponen edulcorante, tiñendo su café de ese gusto metálico que solo los que no consumismos edulcorante podemos describir. ¿A quién puede gustarle la frialdad del metal? Otros ponen 10 cucharitas de azúcar, y las cuentan religiosamente, pero ese azúcar no llega a endulzar, porque se olvidan de revolver después. Entonces queda todo el azúcar en el fondo, y recién lo dulce es el último trago. El último trago dulce. Te tenes que tomar toda la taza de café amargo, para saber que a fin de cuentas, también tengo mi cuota de azúcar.