miércoles

Malditas Miss Universo

Son nuestras enemigas. Atentan contra nuestras relaciones, contra nuestra autoestima, contra mí.
El problema es tanta cirugía, y en el peor de los casos... que sea natural! Eso es una puñalada al centro del ego. Y los comentarios inevitables de todos ellos cuando "ellas" aparecen en la tele, en una revista, un cartel en la calle. Es como si me persiguieran y están a donde quiera que yo vaya. Para colmo, el sexo masculino no sabe disimular y sus ojos se desvían y las palabras se perdieron en tanta ropa interior que hay en esa foto.
Es que nosotras también tenemos ganas de "estar buenas", a veces sentirnos lindas no es suficiente. Tampoco quiero que la silicona me taponee el cerebro, no quiero ser como ellas, solamente quiero tener algo de eso que tienen, un poco de lo que generan.
Lo negaremos a muerte, jamás lo aceptaremos, nos ampararemos en lo poco inteligente que la gran mayoría resulta ser, pero que a mí no me engañen... un poco, en algún recoveco de nuestro interior, todas queremos tener esa cola, queremos poder andar con esos tacos sin caernos a los cinco minutos, queremos tener algo de modelos. Algo nomás.
Buscamos consuelo en frases tales como: "pero esa cara está fotoshopeada!", "tiene el culo hecho", "ay, pero enserio te gustaría estar con una mina así?", es una forma de sentir que no son reales, que no las vamos a ver caminando por la calle de jogging y sin maquillaje. Ah, porque esa es otra... si yo tuviera esas capas de maquillaje todos los días, también sería una diva las 24 horas! Eso sí, el morocho no me lo cambio por nada.

Me encanta ser la mujer para presentar a mamá o a papá, pero me gustaría ser un poco de la otra, pero sin que nadie se entere.

domingo

Admitámoslo

Sé que somos un género complicado. Que hablamos mucho y decimos poco. Que nos quejamos, pero también agradecemos... menos. Reconozco que pocas veces decimos lo bueno, y muchas lo malo. Pero sé, y no tan "en el fondo", que así como son, para cada una, cada uno es increíble, aunque nos quedemos calladas y no se los digamos.
Muchas veces hablo desde el miedo, me quejo porque tengo miedo, y siempre es más fácil dejar que me domine que dominarlo. Te das cuenta el rumbo que está tomando tu vida, que si bien lo ansiás y te emociona... siempre asusta. Ya sos grande. ¿Acaso soy grande? Está bien que el mes que viene sea mi cumpleaños, pero hay algo que no me hace sentir del todo grande. Será que soy la menor en casa.
Reprochamos porque tenemos miedo. Miedo de que nos convirtamos en algo que no esperamos, pero de repente somos. Reprochamos porque no sabemos de qué otra manera reaccionar, y porque tal vez sea la más fácil. Porque no quiero mostrar mi preocupación y me sale "esto". Y lo admito, tu manera de manejar las cosas y las charlas a veces es mucho más simple y menos problemática. Pero no te lo puedo decir a vos, no en la cara. Quizás cuando duermas te lo admita. Pero no me hagas caso. No siempre todo lo que digo es cierto. A veces las palabras brotan de mi boca como si tuviera incontinencia verbal, pero realmente no lo procesé antes, y lo dejé salir. Y después me arrepiento.
Hay días en que preferiría callar y no discutir, porque sinceramente no tiene sentido, ni siquiera motivos. Pero ahí voy nomás. A defender lo que no sé por qué hoy tengo ganas de defender, que ni sé si me importa, pero tengo que llevar la contra. Y vos la tenés mucho más clara. Me dejas hablar hasta que me canse y me dé cuenta que nada de esto tiene relevancia.
Por eso te digo, a veces entre tanto palabrerio se perdió lo esencial. Otras, es necesario, claro, pero me atrevería a decir que esas veces... son las menos. Yo tengo que agradecer más, quejarme menos. Porque me encanta que sea así como es. Porque él no se queja. Él me acepta tal cual soy. Debería aprender de él. Por eso lo quiero tener toda la vida al lado mío. No debería tener miedo, pareciera que el rumbo que toma mi vida no podría estar mejor acompañado.