martes

Cortado

¿Será que la poca ingesta de azúcar durante el día hace perder la dulzura en la vida?

Algunos dicen que sí, otros decimos que no. Porque no es un patrón que rige en mi vida. Si tengo que elegir entre dulce o salado, siempre te voy a elegir lo primero. Pero después me gusta rematarlo con algo salado. Somos varios los que tenemos esos gustos.

Lo que sí hay ciertas manías que con el tiempo una no puede cambiar, o que lo va haciendo pero a un ritmo muuuuy lento, al son de manuelita. La selectividad. Entonces no significa que soy amarga como mi café, solo significa que soy dulce con quien quiero serlo y cuando quiero serlo. Hay momentos para todo. Me gusta también el día que estoy ácida cual limón.

Al fin y al cabo hay para todos los gustos. Algunos ponen edulcorante, tiñendo su café de ese gusto metálico que solo los que no consumismos edulcorante podemos describir. ¿A quién puede gustarle la frialdad del metal? Otros ponen 10 cucharitas de azúcar, y las cuentan religiosamente, pero ese azúcar no llega a endulzar, porque se olvidan de revolver después. Entonces queda todo el azúcar en el fondo, y recién lo dulce es el último trago. El último trago dulce. Te tenes que tomar toda la taza de café amargo, para saber que a fin de cuentas, también tengo mi cuota de azúcar.

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