jueves

How to... superar un corazón roto

La web está llena de estas páginas How to que te explican como hacer de todo, desde plantar un árbol hasta armar una casa. Aproveché que sabía de su existencia y busqué... y busqué... no apareció nada. Repleto de páginas how to y ninguna explica como unir las dos partes en la que se partió tu corazón. Por eso decidí que colaboraré con la causa y voy a llenar ese espacio vacío que hay en internet. Por si el día de mañana te ponés a buscar...

Llanto cada vez que estas sola. Decidiste dejar de usar rimmel porque se te corría constantemente. Te bañas y el agua de la ducha se mezcla con las lágrimas, ya ni siquiera sabes si estas llorando. Todo te recuerda a él. Tus amigas temen preguntarte cómo estás porque se viene el temblor del labio al intentar decir algo e inevitablemente concluirá en un llanto que no podrán parar. Y nada de lo que puedan decir va a consolarte.

Lo bueno es que nadie murió por un corazón roto, salvo Romeo & Julieta, pero ya pasaron tantos años de eso que nadie los recuerda (shhh, no digan nada). La historia de la humanidad está atravesada por situaciones dolorosas, pero menos mal que suceden, sino las mejores baladas de rock de la historia y las mejores películas de amor no existirían.
De vos depende: quedarte todos los findes tirada en la cama sin motivos para vivir, esperando que tal vez él se arrepienta y te llame pidiendote perdón por hacerte sufrir así. Pero no, faltan siete meses para que pase eso, por que a fin de cuentas, siempre vuelven con el rabo entre las piernas. ¿Qué hacemos mientras?

En lo personal, no estoy de acuerdo con la famosa frase "un clavo saca otro clavo". Uno se clava encima de otro, que es distinto. Debajo sigue estando el que intentas sacar, así que no tiene sentido ir probando nuevos hombres. A fin de cuentas, en el fondo, vas a seguir pensando en el mismo clavo. Si querés, probá... aunque no creo que sea la solución definitiva.

Hay que sobreponerse a la situación. Yo sé que no tenés ganas, que lo que menos querés en este momento es sentarte en un bar y que se te acerque alguien con quien no te interesa hablar y tener que escuchar sobre su vida, o incluso peor, tener que contar de la tuya. Pero la vida es una cosa increíble y uno nunca sabe las vueltas que puede dar. Tal vez, en tu tristeza, encontrás un poco de alegría.

Sentite bien. No te tortures por lo que pasó. No pienses quién tuvo la culpa, ni qué fue lo que hiciste mal, ni por qué habrán pasado las cosas. La frente en alto, seguridad en vos misma. Pensá en los lindos recuerdos que tienen juntos, no pienses en lo que pudo ser y no fue. Ahora que él no está te das cuenta de todo el tiempo libre que tenés para dedicarlo para vos. No desesperes por no saber qué hacer en ese rato, sino todo lo contrario, disfrutalo, sacate las ganas de hacer eso que hace tiempo estás pensando.

A las oportunidades hay que decirles que sí (si no me crees miralo a Jim Carrey en Yes Man y vas a ver que tengo razón! y encima te vas a reír). Uno nunca sabe con qué se puede encontrar a la vuelta de la esquina (esa frase es tan mi abuela, pero tan cierta!) y quien te dice... te podés sorprender. Yo pienso que las buenas historias del cine existen porque antes seguramente le pasaron a alguien en la vida real, motivo por el cual también me puede pasar a mí. Quizás sea hora de tener tu propia película, pero de verdad.

Te doy la última clave, el secreto del éxito, el punto fundamental para curar tu corazón de una vez por todas. Es el paso final, y el más difícil, pero se puede! Si pasan los siete meses y él vuelve a llamar... decile que no!

Estos consejos son tan válidos para mujeres como para hombres. La única diferencia es que si ella se arrepiente y vuelve llorando, lo va a hacer a los 15 días. Tal vez ahí, todavía quieras decirle que sí!

martes

Madre e hija

Un varón. El día que sea madre espero concebir un varón. Creo que no podría soportar estoicamente como lo hizo mi madre, que a partir de su adolescencia mis hijas me peleen constantemente, con o sin motivo. Ya luché demasiado como para también discutir con mi propia hija. Por favor, que sea varón.
Es una ley de la naturaleza que, como toda ley, tiene su excepción en algunas familias, las menos. Porque existen madres e hijas que se llevan bien, pero son una especie de bicho raro. Si mis genes evolucionan de la misma manera en que lo hicieron las mujeres de mi clan familiar, claramente se cumplirá la ley en mí.

Todo comenzó (algún tiempo atrás en hebraica pilar) cuando no me gustaba la ropa que madre elegía para vestirme. Después siguió una etapa en que me molestaba que ella no comprendiera el concepto de "accidentes" y me retase por absolutamente todo. Terminó por irritarme todo lo que ella dijera e hiciera, no podía estar de acuerdo en nada de lo que mamá sostuviera. Sí, probablemente haya sido cruel muchas veces con mis silencios y mis miradas de desapruebo. Incluso un día tomé coraje y dije las palabras que no se debían pronunciar por nada del mundo: "andá a cagar". Mi corazón saltó en su interior preocupado por lo que acababa de suceder. Quise correr por miedo de que madre se defendiera agarrandome de mi colita de pelo. Pero ahí estaba yo, haciendome la guapa mirandola como si no hubiera pasado nada. Obvio, terminamos las dos llorando, y al día siguiente todo siguió como si nada. La magia del parentezco de sangre.

Años más tarde entendí que todo es negociable en la vida, incluso mi relación con madre. Había que analizar costo-beneficio: si soy buena hija y hago bien las cosas, voy a poder conseguir las cosas que yo quiera, o por lo menos, no voy a terminar llorando. Pero por lo general me traicionaban los impulsos y terminé siendo poco inteligente. Así me quedé varias noches sin salir, sin poder usar internet hasta la medianoche, sin zapatitos nuevos, y ese tipo de castigos con los que los padres creen que una aprende algo, pero no.

Un día, crecí un poco más y descubrí que llevarle la contra a madre había sido mi hobby durante muchos años, aunque durante un tiempo temí por mi salud mental: madre iba a enloquecerme porque no tenía novio. Creí que me iba a volver loca, que no lo iba a soportar. Llegué a pensar que madre tenía miedo de que me inclinara hacia personas de mi mismo sexo, o que temía tener que bancarme en su casa hasta que la mandase al geriátrico. Me vendía hasta al sodero cuando yo tenía una política de elegir cuidadosamente a la persona que saliera conmigo. Se enojaba porque yo tenía demasiados amigos y ningún novio. Cosas que llegado el momento, me empezaron a causar risa. Claro está que ella tampoco sabía de mis andanzas nocturnas, que si bien eran bastante inocentes, tampoco me aburría.

Madre ya no me elegía la ropa, pero ahora había otro motivo para discutir. Y me llevo muchos años, pero finalmente aprendí la lección: siempre va a existir un motivo para discutir.

Ahora estoy más grande y peleamos menos, aunque no dejamos de hacerlo, iría contra nuestra naturaleza. Pienso y recuerdo los días en que ibamos a visitar a mi abuela (la mamá de mamá) y me acuerdo que si bien ellas ya eran grandes, no vivían juntas, ambas tenían sus hijos y no tenían que darse explicaciones, también se peleaban y que, por lo general, eran cosas tan banales como no haber llevado paraguas sabiendo que iba a llover. Y me acuerdo que mi abuela contaba que se peleaba con su madre, aunque esos motivos no los conozco, pero seguro que era otro paraguas olvidado.

Intento con todas mis fuerzas decirme que no voy a hacer así, pero en el fondo sé que aunque no diga nada, no me queje de nada y diga que mi hija es perfecta, nos vamos a pelear igual, seguro que ella se va a quejar de que no le digo nada y de que creo que es perfecta cuando no lo es, aunque yo ya lo sepa.

Por eso. Mejor, varón. (si llego a tener una nena nunca le digan que escribí esto. Estaré encantada de pelear con ella y seguir la evolución natural de la especie)