lunes

Lluvia

A veces solo me quedo viendo la gente pasar. Cada uno es un mundo. Desde acá arriba me pierdo algunos detalles, pero bueno, son las contras del 5to piso.

A veces me da pena lo q miro. Pero supongo que pasa eso en todas las ciudades. ¿no es así? ¿no pasa eso en todas las ciudades?

Aunque desde acá arriba es más fácil seleccionar que quiero ver y que no. A veces, pero solo a veces, cuando voy caminando, preferiría caminar con los ojos cerrados, solo hasta llegar a la esquina. Porque por supuesto, no todo puede ser admirable en Buenos Aires. 

Los domingos de lluvia, esos en que ésta no me agarra de imprevisto, sino en casa, me paso la tarde viendo por la ventana: como la gente corre para no mojarse, los paraguas que se vuelan, las parejas que se besan y no les importa que se estén mojando, los que se pelean, los que se refugian abajo del techo del negocio de enfrente, y el agua que corre río abajo… ahora que puede, ahora que las calles ya no se inundan.

Pero igual, cuando estoy en la calle, yo no soy de los que corren, me gusta mojarme. Y lo que más placentero me resulta, es que aunque sea verano… me da frío. Los días de calor agobiante todos esperamos la lluvia, y cuando finalmente se larga, todos miran por sus ventanas, como si fuese un acontecimiento que pocas veces se da en la historia del hombre.

El olor a lluvia me hace acordar a la Santa Fe de mis abuelos… y además a Marcos, que siempre sabía que iba a llover “porque hay olor a lluvia”. Ay Marcos, ¿dónde andarás ahora? Su papá viajaba mucho, y Marcos viajaba con él. La última postal que me mandó era de Venezuela, pero hace muchos años… Yo todavía usaba el pelo largo.

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