Buenos Aires está dividido en dos bandos pero ninguno se pelea por el otro, aunque muchas veces se quiere lo que ese otro tiene. El primer bando es el del ruido, el del centro, el movimiento, las luces, los colectivos, las bocinas y las alarmas. Se van a dormir y todo ese barullo, se convierte en un murmullo, que no los despierta, no les preocupa, no los asusta. Lo único que les molesta son los pájaros, que cantan a horas extrañas en las que ellos también deberían estar durmiendo. Cosa extraña, un pájaro les perturba el sueño pero no un colectivo. Esa es su realidad.
El otro bando, es el de la tranquilidad. Con casas bajas, jardines a la entrada y calles arboladas. Alejados de todo, dependiendo de un auto para ir a cualquier sitio, y también de las rejas, porque todos estamos asustados. Las calles son más estrechas, y menos transitadas, mucho menos. Pero cada tanto se ven en la necesidad de pasarse de bando, solo por un rato, solo por el trabajo. Y ellos se van a dormir con el grillo, con el perro que le ladra a la luna que se ve tal vez un poco más que del otro lado, pero sin antes poner la alarma, que esperemos… esta noche no suene.
Hace falta que diga a cuál pertenezco? Es claro que al primero, aunque me gusta pasear por el segundo, pero solo pasear, después quiero estar de vuelta en mi hábitat.
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