martes
Yo, mi otro yo... ¿e Irene?
miércoles
La antigua Grecia
Hacele caso a tu estómago
Hay que tomar una decisión y no estás seguro de cuál es el camino que has de seguir. Lo hablaste con tus amigos, con tu familia, con tu pareja, sin embargo, nada de lo que dicen te convence. Es algo que tenés que charlar vos con vos y con tu... estómago.
Desde que tenés esto en la cabeza la comida ya no te cae bien, tenés menos hambre o, tal vez, más. Pero tenés una sensación que te recuerda constantemente que en el medio de tu cuerpo hay un órgano que también decide y que solo se va a tranquilizar cuando tomes la decisión correcta.
Algo te hace ruido en la mente y en la panza. Y no es el hambre ni la digestión. Te das cuenta que estás intranquilo, que tus intestinos están anudados como soga abandonada dentro de un cajón. Esto no se desatará hasta que te promulgues con una respuesta definitiva, la que te devuelva el hambre, la que te saque el dolor de estómago.
En el fondo, uno siempre sabe qué tiene que hacer, pasa que no sabemos prestar atención al cuerpo.
martes
El mundo de los grandes...
A veces, cuando nadie me veía o madre estaba fuera de casa, le sacaba los zapatos de taco alto y los chancleteaba por toda la casa. Obvio que después, cuando mamá se los ponía, se daba cuenta que los había usado porque "están todos chuecos!", me gritaba. Yo solo quería ser una mujer elegante, que anduviera todo el día de tacones y siempre perfecta. Me gustaba el ruido del taco golpeando el piso. Las cosas cambian.
Quería trabajar en una oficina como la de papá, que tenía hojas en blanco para dibujar por todos lados. Yo pensaba que eso era un paraíso. Padre las traía a casa dentro de un sobre marrón que me hacía sentir importante. Era la secretaria de mi papá, wooooow. Re importante. Quería pasarme el día en ese estudio, con mis hojas en blanco.
Me gustaba el color que se formaba al mezclar la coca con la sprite, era una especie de borravino. Entonces yo jugaba a que tomaba un malbec, en copa, como la gente grande. El detalle era la copa. Hacer la misma mezcla en el vaso, no tenía tanta gracia.
Ahora ya no juego a nada. Ahora me toca hacer todas esas cosas, pero enserio. Y creo que me molesta cada una de ellas. Fumaba, y me di cuenta que era mejor dejar de fumar. Me di cuenta que es mucho mejor salir y tener ambas manos libres, ahora, con una cartera negra.
Intento optimizar mi tiempo, por lo que mientras me baño a la mañana, pienso qué me voy a poner ese día, e intento fervientemente combinar la ropa con los zapatos más bajitos que tengo. Que otra persona se banque los tacos 15 horas. Encima, el ruido que hacen contra el piso, me aturde.
Paso muchas horas en una oficina, con montones de hojas en blanco por todos lados. Pero de paraíso tiene poco y nada. Tengo que viajar una hora para llegar, otra hora para volver. Tomar el subte y morirme de calor ahí enlatada cual sardina. Pensar que 15 años atrás me parecía divertido el subte. En realidad, el problema es que ya no tengo tiempo de ponerme a dibujar, con suerte solo estrellitas en el anotador que tengo a mi lado.
Pasó el tiempo y todos esos juegos se hicieron realidad. Pero con ciertos bemoles... de juego no tienen nada. Simplemente son parte de la vida cotidiana de la gente grande. Y el mundo de los grandes... apesta.
viernes
Manos a la obra
lunes
Necesito algo más
viernes
Envidia, pero de la sana
Un día conocí nueva gente y, casi sin quererlo, me hice nuevos amigos. Hablando con ellos, un día, descubrimos una revista nueva en el mercado. Lamentablemente no estaba escrita por nosotros, pero creo que fue un punto de partida para pensar el futuro. Y, un día, estaba tirada en la cama leyéndola cuando un extraño sentimiento se fue colando en mi interior, para darle luego el espacio a un pensamiento: ¿por qué envidiamos? ¿por qué me da vergüenza descubrir que yo (o vos), en el fondo, también envidio (incluso a veces lo sentís más a flor de piel)?
Tal vez no sea envidia, tal vez es solo un lamento. tal vez sea el hecho de descubrir una carencia propia... probablemente sea envidia, "pero de la sana". Bullshit.
Envidia: Emulación, deseo de algo que no se posee. (fuente: www.rae.es)
No, bueno, está bien, tampoco para tanto. No envidio algo que no poseo, ni al autor de esa revista, tampoco a los que escriben mejor que yo (menos mal, porque son tantos que la envidia consumiría mis entrañas), simplemente "admiro" esa capacidad que tienen para que se les ocurran semejantes ideas y el poder plasmarlas con esa naturalidad, como si fuera agua lo que fluye de sus lapiceras. De la mía cae barro.
Me gusta jugar con las palabras aunque nunca fui buena en el Scrabble, pero por lo menos puedo decir que con la ortografía me destaco (¿viste que hay veces que a uno le surgen dudas existenciales en el medio de un escrito, o incluso en el medio de la nada misma? y empezás a preguntarte: "dirigirse, va con g o con j?" y lo escribís de una manera y de otra para ver cuál queda mejor). A veces me gustaría ser más rebuscada con las palabras, sin embargo también disfruto de su sencillez, porque así nos entendemos todos, sin dobles sentidos. ¿No es mejor? Los juegos de palabras los dejo para la publicidad, que de esa también tengo de sobra.
Después de todo esta pseudoenvidia que me agarró (sí, me avergüenzo de sentir envidia y no me gusta la idea de aceptar abiertamente que estoy envidiosa de que a esa chica la hayan descubierto e incluso le ofrecieron plata por seguir escribiendo en su blog, mientras que yo escribo para hablar de ella) no fue tan mala, me provocó ganas de sentarme y escribir, aunque no sea maravilla lo que brota de mi birome.
Al fin de cuentas, fue una envidia sana! menos mal... ahora me siento un poco mejor.