martes

Yo, mi otro yo... ¿e Irene?

Es difícil describirse. Es difícil decir quién y qué es uno. Hoy dejé de pensar en el mundo en que vivimos y solamente pensé en mí. Hoy tuve un día menos altruista y más egoísta. Descubrí que soy muchas cosas: algunas malas, otras no tan malas y algunas buenas, por suerte.

Mi nombre no es nada, aunque me encanta. Soy un nudo en el estómago cuando estoy nerviosa, soy hermana y mezcla de mis hermanas. Soy hija, mala o buena, depende del día, el humor y hace cuánto no veo a madre. Algunos días son mejores que otros. Por suerte hace mucho que no hay un día realmente malo.

Soy palabras que no riman, pero que conmueven, soy un aprendizaje constante de tía, soy frontal, no me gustan las vueltas. Soy ñoña aunque quiera ocultarlo, histriónica aunque no me guste actuar. Soy simple, aunque para algunos sea complicada. Soy miope, como mi papá, aunque desde más temprano. Soy ficción, aunque escribo sobre la realidad.

Soy proyectos, todo el tiempo construyo nuevos y me embarco en nuevas actividades. Soy hiperactividad que sabe apreciar de los momentos de ocio. Soy sueños que cuento por las mañanas y otros que olvido al abrir los ojos.
Soy recuerdos que no logro despegarme, que me construyen, que me dan personalidad, que me enseñan, que duelen, que emocionan.

Soy música, aunque no sé entonar, pero que la siento, que es parte de mi vida y que hay un tema para cada momento. Música que si no existe la cantan mis adentros y acompaña el día. Vieja y nueva. Pop y rock. Soy diversidad, aunque clásica como pocos.

Soy un poco de él, que me contagia sus manías y me enseña sus grandezas.
Soy oído para mis amigos, aunque también una boca, porque siempre tengo que dar mi punto de vista. Quedarme callada es una tarea cuasi imposible. A veces soy ruido, porque de hablar tanto ya perdí el hilo de lo que decía y solo queda el sonido sin una idea.

Soy esto, tal como lo ves, no hay nada oculto. No hace falta leer entre líneas. Ves? Soy más simple de lo que creen.

miércoles

La antigua Grecia

Reivindiquemos a los hedonistas: comamos sin culpa, faltemos al gimnasio, salgamos de shopping sin arrepentirnos de todo lo que gastamos, salgamos a tomar algo aunque haya que estudiar al día siguiente, total, por un par de horas no bocharon a nadie (a menos que la resaca no permitiera retener los conocimientos)

La vida está llena de preocupaciones y de obligaciones que existen simplemente por ser parte de la vida, porque no existe un día en que no tengamos que cumplir con responsabilidades. Por eso mismo... ¿para qué agregar a nuestra rutina más reglas mentales que en caso de no cumplirlas nos generará culpa? Las ganas propias parecieran ser un objeto devaluado, que ya no se tiene en cuenta. Ahora nos atenemos solamente a cumplir. Y yo te digo una cosa, una sola palabra: Basta! Ponete la túnica y los laureles, y que vivan los griegos y su filosofía hedonista del placer!!!

Esta debería ser nuestra nueva razón de ser: buscar el placer y huirle al dolor. Ya lo decía Epicuro: "Ningún placer es malo". Si él lo dice...

Pensar que desde que terminé el secundario no pensaba en los hedonistas. Lo mal que hice todos estos años. Menos mal que los conocimientos aprendidos en el colegio quedan guardados en alguna parte de nuestro cerebro, bien, bien escondidos. Pero cada tanto algo sale a la luz

Hacele caso a tu estómago

Uno experimenta las cosas de la vida tanto al interior, como en el exterior. Los pensamientos pasan por la cabeza, las acciones pasan a nuestro alrededor y las sensaciones, por dentro.
Hay que tomar una decisión y no estás seguro de cuál es el camino que has de seguir. Lo hablaste con tus amigos, con tu familia, con tu pareja, sin embargo, nada de lo que dicen te convence. Es algo que tenés que charlar vos con vos y con tu... estómago.

Desde que tenés esto en la cabeza la comida ya no te cae bien, tenés menos hambre o, tal vez, más. Pero tenés una sensación que te recuerda constantemente que en el medio de tu cuerpo hay un órgano que también decide y que solo se va a tranquilizar cuando tomes la decisión correcta.

Algo te hace ruido en la mente y en la panza. Y no es el hambre ni la digestión. Te das cuenta que estás intranquilo, que tus intestinos están anudados como soga abandonada dentro de un cajón. Esto no se desatará hasta que te promulgues con una respuesta definitiva, la que te devuelva el hambre, la que te saque el dolor de estómago.

En el fondo, uno siempre sabe qué tiene que hacer, pasa que no sabemos prestar atención al cuerpo.

martes

El mundo de los grandes...

Yo tendría menos de 10 años. Me ponía una carterita verde flúo o, cuando podía, le robaba la rosa a mi hermana, que era mucho más linda. Jugaba a que salía de compras (tenía un fanatismo por ir al supermercado, vaya uno a entender por qué) y, caminando por mi habitación como recorriendo las góndolas, tomaba entre mi dedo mayor e índice un lápiz, y hacía que fumaba. Comía habanitos de chocolate... y fumaba. Iba a un restaurant donde había grisines... y fumaba. Estaba predestinado. No había chance de que no fuera fumadora.

A veces, cuando nadie me veía o madre estaba fuera de casa, le sacaba los zapatos de taco alto y los chancleteaba por toda la casa. Obvio que después, cuando mamá se los ponía, se daba cuenta que los había usado porque "están todos chuecos!", me gritaba. Yo solo quería ser una mujer elegante, que anduviera todo el día de tacones y siempre perfecta. Me gustaba el ruido del taco golpeando el piso. Las cosas cambian.

Quería trabajar en una oficina como la de papá, que tenía hojas en blanco para dibujar por todos lados. Yo pensaba que eso era un paraíso. Padre las traía a casa dentro de un sobre marrón que me hacía sentir importante. Era la secretaria de mi papá, wooooow. Re importante. Quería pasarme el día en ese estudio, con mis hojas en blanco.

Me gustaba el color que se formaba al mezclar la coca con la sprite, era una especie de borravino. Entonces yo jugaba a que tomaba un malbec, en copa, como la gente grande. El detalle era la copa. Hacer la misma mezcla en el vaso, no tenía tanta gracia.

Ahora ya no juego a nada. Ahora me toca hacer todas esas cosas, pero enserio. Y creo que me molesta cada una de ellas. Fumaba, y me di cuenta que era mejor dejar de fumar. Me di cuenta que es mucho mejor salir y tener ambas manos libres, ahora, con una cartera negra.

Intento optimizar mi tiempo, por lo que mientras me baño a la mañana, pienso qué me voy a poner ese día, e intento fervientemente combinar la ropa con los zapatos más bajitos que tengo. Que otra persona se banque los tacos 15 horas. Encima, el ruido que hacen contra el piso, me aturde.

Paso muchas horas en una oficina, con montones de hojas en blanco por todos lados. Pero de paraíso tiene poco y nada. Tengo que viajar una hora para llegar, otra hora para volver. Tomar el subte y morirme de calor ahí enlatada cual sardina. Pensar que 15 años atrás me parecía divertido el subte. En realidad, el problema es que ya no tengo tiempo de ponerme a dibujar, con suerte solo estrellitas en el anotador que tengo a mi lado.

Pasó el tiempo y todos esos juegos se hicieron realidad. Pero con ciertos bemoles... de juego no tienen nada. Simplemente son parte de la vida cotidiana de la gente grande. Y el mundo de los grandes... apesta.

viernes

Manos a la obra

Me gusta leer, me gusta emocionarme con lo que leo. Me encantaría que a alguien le gustase leerme y se emocionara al mismo tiempo. Hay frases que me sorprenden, palabras nuevas que me enamoran y no sé dónde usarlas. Quisiera decir más cosas de las que cuento, quisiera cambiar al país con oraciones. Me gustaría que vos fueras mi principal lector, pero no a todos les gusta lo que escribo.

Dediqué muchos años a algo que me defraudó, que me frustró, que me da bronca. Ahora quiero construir lo que antes no pude hacer, saber más y contar la verdad... pero que difícil es hablar de la verdad, nadie la cree, nadie la conoce. Pareciera que es mejor vivir engañándonos.

Por eso escribo en primera persona. Porque me gusta hacerme cargo de lo que digo, porque es mi opinión, porque no quiero ser objetiva, porque la objetividad no existe.

Yo pienso, yo creo, yo opino, soy yo la que escribe y la que espera que te guste lo que escribo, que me ayudes a construir, que juntos hagamos lo que nos hace feliz. Porque como dice Albert Casals: "Vos podes elegir vivir triste o contento. Yo elijo la felicidad. No veo entre nosotros razones para ser infeliz".

lunes

Necesito algo más

Es sorprendente que las personas sean tantas y tan diversas, y que sin embargo haya un mínimo común entre todos. Todos buscamos siempre algo más en nuestras vidas. Necesitamos sentir algo más, necesitamos hacer algo más, vivir algo más, más, pero no sé qué.

Andamos errantes como gauchos por la Pampa húmeda de la Argentina intentando adivinar qué es eso que nos falta. No podemos dilucidar si es algo laboral, si es la vida en pareja, si es la vida en no pareja, si es un pendiente, si es un viaje, o qué es ese sabor semiamargo que tenés en la boca. Pero sentís un vacío. Por momentos creés que sólo necesitás un golpe de adrenalina, una emoción nueva que te sacuda de pies a cabezas, pero cuando la adrenalina se va... notás que hay un agujero negro en la capa de ozono, y está justo sobre tu cabeza. Ponete protector solar factor 50.

¿Qué hacemos entonces? ¿Cómo se rellena este hueco? ¿Cómo nos damos cuenta de qué es ese "algo" del que hablamos tanto? algo que parece ser tan claro y que de claro no tiene nada, no tiene forma, no tiene límites, no tiene color, no tiene olor, no tiene textura, ni siquiera es algo. Pero a vos te falta "eso".

No, no te ilusiones! no tengo la respuesta, pero por lo menos entiendo de lo que hablás. ¿No sirve eso? Aunque sea te acompaño en el sentimiento. Simplemente pienso en que es bueno querer algo más, creo que es parte de crecer, de formarse como persona, de no dormirse, de buscar, de encontrarte, de preguntarte, de equivocarte.

¿Yo? yo también busco algo más, claro, pero no te lo puedo contar. Ojalá que el día de mañana lo puedas leer, aunque presiento que me va a llevar muchos años escribirlo. Espero nunca olvidarme de que "eso" es mi "algo". Mientras voy trabajando para conseguirlo.


¿Y vos? ¿Sabés cuál es tu algo? Fijate, tal vez, por lo menos, ya tenga color.

viernes

Envidia, pero de la sana

Un día conocí nueva gente y, casi sin quererlo, me hice nuevos amigos. Hablando con ellos, un día, descubrimos una revista nueva en el mercado. Lamentablemente no estaba escrita por nosotros, pero creo que fue un punto de partida para pensar el futuro. Y, un día, estaba tirada en la cama leyéndola cuando un extraño sentimiento se fue colando en mi interior, para darle luego el espacio a un pensamiento: ¿por qué envidiamos? ¿por qué me da vergüenza descubrir que yo (o vos), en el fondo, también envidio (incluso a veces lo sentís más a flor de piel)?

Tal vez no sea envidia, tal vez es solo un lamento. tal vez sea el hecho de descubrir una carencia propia... probablemente sea envidia, "pero de la sana". Bullshit.

Envidia: Emulación, deseo de algo que no se posee. (fuente: www.rae.es)

No, bueno, está bien, tampoco para tanto. No envidio algo que no poseo, ni al autor de esa revista, tampoco a los que escriben mejor que yo (menos mal, porque son tantos que la envidia consumiría mis entrañas), simplemente "admiro" esa capacidad que tienen para que se les ocurran semejantes ideas y el poder plasmarlas con esa naturalidad, como si fuera agua lo que fluye de sus lapiceras. De la mía cae barro.

Me gusta jugar con las palabras aunque nunca fui buena en el Scrabble, pero por lo menos puedo decir que con la ortografía me destaco (¿viste que hay veces que a uno le surgen dudas existenciales en el medio de un escrito, o incluso en el medio de la nada misma? y empezás a preguntarte: "dirigirse, va con g o con j?" y lo escribís de una manera y de otra para ver cuál queda mejor). A veces me gustaría ser más rebuscada con las palabras, sin embargo también disfruto de su sencillez, porque así nos entendemos todos, sin dobles sentidos. ¿No es mejor? Los juegos de palabras los dejo para la publicidad, que de esa también tengo de sobra.

Después de todo esta pseudoenvidia que me agarró (sí, me avergüenzo de sentir envidia y no me gusta la idea de aceptar abiertamente que estoy envidiosa de que a esa chica la hayan descubierto e incluso le ofrecieron plata por seguir escribiendo en su blog, mientras que yo escribo para hablar de ella) no fue tan mala, me provocó ganas de sentarme y escribir, aunque no sea maravilla lo que brota de mi birome.

Al fin de cuentas, fue una envidia sana! menos mal... ahora me siento un poco mejor.

jueves

How to... superar un corazón roto

La web está llena de estas páginas How to que te explican como hacer de todo, desde plantar un árbol hasta armar una casa. Aproveché que sabía de su existencia y busqué... y busqué... no apareció nada. Repleto de páginas how to y ninguna explica como unir las dos partes en la que se partió tu corazón. Por eso decidí que colaboraré con la causa y voy a llenar ese espacio vacío que hay en internet. Por si el día de mañana te ponés a buscar...

Llanto cada vez que estas sola. Decidiste dejar de usar rimmel porque se te corría constantemente. Te bañas y el agua de la ducha se mezcla con las lágrimas, ya ni siquiera sabes si estas llorando. Todo te recuerda a él. Tus amigas temen preguntarte cómo estás porque se viene el temblor del labio al intentar decir algo e inevitablemente concluirá en un llanto que no podrán parar. Y nada de lo que puedan decir va a consolarte.

Lo bueno es que nadie murió por un corazón roto, salvo Romeo & Julieta, pero ya pasaron tantos años de eso que nadie los recuerda (shhh, no digan nada). La historia de la humanidad está atravesada por situaciones dolorosas, pero menos mal que suceden, sino las mejores baladas de rock de la historia y las mejores películas de amor no existirían.
De vos depende: quedarte todos los findes tirada en la cama sin motivos para vivir, esperando que tal vez él se arrepienta y te llame pidiendote perdón por hacerte sufrir así. Pero no, faltan siete meses para que pase eso, por que a fin de cuentas, siempre vuelven con el rabo entre las piernas. ¿Qué hacemos mientras?

En lo personal, no estoy de acuerdo con la famosa frase "un clavo saca otro clavo". Uno se clava encima de otro, que es distinto. Debajo sigue estando el que intentas sacar, así que no tiene sentido ir probando nuevos hombres. A fin de cuentas, en el fondo, vas a seguir pensando en el mismo clavo. Si querés, probá... aunque no creo que sea la solución definitiva.

Hay que sobreponerse a la situación. Yo sé que no tenés ganas, que lo que menos querés en este momento es sentarte en un bar y que se te acerque alguien con quien no te interesa hablar y tener que escuchar sobre su vida, o incluso peor, tener que contar de la tuya. Pero la vida es una cosa increíble y uno nunca sabe las vueltas que puede dar. Tal vez, en tu tristeza, encontrás un poco de alegría.

Sentite bien. No te tortures por lo que pasó. No pienses quién tuvo la culpa, ni qué fue lo que hiciste mal, ni por qué habrán pasado las cosas. La frente en alto, seguridad en vos misma. Pensá en los lindos recuerdos que tienen juntos, no pienses en lo que pudo ser y no fue. Ahora que él no está te das cuenta de todo el tiempo libre que tenés para dedicarlo para vos. No desesperes por no saber qué hacer en ese rato, sino todo lo contrario, disfrutalo, sacate las ganas de hacer eso que hace tiempo estás pensando.

A las oportunidades hay que decirles que sí (si no me crees miralo a Jim Carrey en Yes Man y vas a ver que tengo razón! y encima te vas a reír). Uno nunca sabe con qué se puede encontrar a la vuelta de la esquina (esa frase es tan mi abuela, pero tan cierta!) y quien te dice... te podés sorprender. Yo pienso que las buenas historias del cine existen porque antes seguramente le pasaron a alguien en la vida real, motivo por el cual también me puede pasar a mí. Quizás sea hora de tener tu propia película, pero de verdad.

Te doy la última clave, el secreto del éxito, el punto fundamental para curar tu corazón de una vez por todas. Es el paso final, y el más difícil, pero se puede! Si pasan los siete meses y él vuelve a llamar... decile que no!

Estos consejos son tan válidos para mujeres como para hombres. La única diferencia es que si ella se arrepiente y vuelve llorando, lo va a hacer a los 15 días. Tal vez ahí, todavía quieras decirle que sí!

martes

Madre e hija

Un varón. El día que sea madre espero concebir un varón. Creo que no podría soportar estoicamente como lo hizo mi madre, que a partir de su adolescencia mis hijas me peleen constantemente, con o sin motivo. Ya luché demasiado como para también discutir con mi propia hija. Por favor, que sea varón.
Es una ley de la naturaleza que, como toda ley, tiene su excepción en algunas familias, las menos. Porque existen madres e hijas que se llevan bien, pero son una especie de bicho raro. Si mis genes evolucionan de la misma manera en que lo hicieron las mujeres de mi clan familiar, claramente se cumplirá la ley en mí.

Todo comenzó (algún tiempo atrás en hebraica pilar) cuando no me gustaba la ropa que madre elegía para vestirme. Después siguió una etapa en que me molestaba que ella no comprendiera el concepto de "accidentes" y me retase por absolutamente todo. Terminó por irritarme todo lo que ella dijera e hiciera, no podía estar de acuerdo en nada de lo que mamá sostuviera. Sí, probablemente haya sido cruel muchas veces con mis silencios y mis miradas de desapruebo. Incluso un día tomé coraje y dije las palabras que no se debían pronunciar por nada del mundo: "andá a cagar". Mi corazón saltó en su interior preocupado por lo que acababa de suceder. Quise correr por miedo de que madre se defendiera agarrandome de mi colita de pelo. Pero ahí estaba yo, haciendome la guapa mirandola como si no hubiera pasado nada. Obvio, terminamos las dos llorando, y al día siguiente todo siguió como si nada. La magia del parentezco de sangre.

Años más tarde entendí que todo es negociable en la vida, incluso mi relación con madre. Había que analizar costo-beneficio: si soy buena hija y hago bien las cosas, voy a poder conseguir las cosas que yo quiera, o por lo menos, no voy a terminar llorando. Pero por lo general me traicionaban los impulsos y terminé siendo poco inteligente. Así me quedé varias noches sin salir, sin poder usar internet hasta la medianoche, sin zapatitos nuevos, y ese tipo de castigos con los que los padres creen que una aprende algo, pero no.

Un día, crecí un poco más y descubrí que llevarle la contra a madre había sido mi hobby durante muchos años, aunque durante un tiempo temí por mi salud mental: madre iba a enloquecerme porque no tenía novio. Creí que me iba a volver loca, que no lo iba a soportar. Llegué a pensar que madre tenía miedo de que me inclinara hacia personas de mi mismo sexo, o que temía tener que bancarme en su casa hasta que la mandase al geriátrico. Me vendía hasta al sodero cuando yo tenía una política de elegir cuidadosamente a la persona que saliera conmigo. Se enojaba porque yo tenía demasiados amigos y ningún novio. Cosas que llegado el momento, me empezaron a causar risa. Claro está que ella tampoco sabía de mis andanzas nocturnas, que si bien eran bastante inocentes, tampoco me aburría.

Madre ya no me elegía la ropa, pero ahora había otro motivo para discutir. Y me llevo muchos años, pero finalmente aprendí la lección: siempre va a existir un motivo para discutir.

Ahora estoy más grande y peleamos menos, aunque no dejamos de hacerlo, iría contra nuestra naturaleza. Pienso y recuerdo los días en que ibamos a visitar a mi abuela (la mamá de mamá) y me acuerdo que si bien ellas ya eran grandes, no vivían juntas, ambas tenían sus hijos y no tenían que darse explicaciones, también se peleaban y que, por lo general, eran cosas tan banales como no haber llevado paraguas sabiendo que iba a llover. Y me acuerdo que mi abuela contaba que se peleaba con su madre, aunque esos motivos no los conozco, pero seguro que era otro paraguas olvidado.

Intento con todas mis fuerzas decirme que no voy a hacer así, pero en el fondo sé que aunque no diga nada, no me queje de nada y diga que mi hija es perfecta, nos vamos a pelear igual, seguro que ella se va a quejar de que no le digo nada y de que creo que es perfecta cuando no lo es, aunque yo ya lo sepa.

Por eso. Mejor, varón. (si llego a tener una nena nunca le digan que escribí esto. Estaré encantada de pelear con ella y seguir la evolución natural de la especie)