martes

Baires

Disculpe, ¿Esta es la ciudad que nunca duerme?

Pareciera que se empecinan en poner calificativos a cada ciudad para establecer una competencia entre ellas, para ver cuál es mejor, en cuál pueden hacerse más actividades, cuál es más rica, cuál más grande, cuál más linda, cuál más divertida, y así podría seguir rato largo.

Buenos Aires, Argentina, América del Sur, entre el Océano Pacífico y el Atlántico, ¿ubicás? Es tan linda que tendrías que conocerla para creerme, es tan grande que te podes perder con el solo hecho de tomar un colectivo en dirección incorrecta, los edificios son cada vez más altos y más lindos, la gente es tan cálida que creo que se debe a que el sol acompaña casi todo el año, y el frío… cada vez es menos frío.

Pero claro, si te metes por alguna callecita, de las más chiquitas, te estás arriesgando demasiado. Tus posibilidades son dos: entrar en la parte que Buenos Aires tiene olvidada, en la que las calles nunca están iluminadas, en la que las casas están hechas de materiales muy diferentes a los del edificio, en la que los autos nunca quieren pasar y muchos se avergüenzan de nombrar.

O, la otra opción, es que te metes en la parte de Buenos Aires que no aparece en los mapas, donde los chicos siguen jugando en la calle, donde los señores mayores sacan sus sillas a la vereda para charlar con el vecino, donde se anda en bici y los perros enloquecen y te persiguen. Te metes en un Buenos Aires de hace muchos años atrás. Tantos, que pocos se acuerdan.

Cuidado, ambas calles te llevan al olvido, los que se encuentran ahí se siguen acordando, pero de ellos… ya me olvidé quienes se acuerdan.

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