domingo

Un estilo reunido en un grupo

Somos muchos los habitantes. 2.776.138 millones, y eso sólo en la capital. Si sumás los partidos que rodean, llegamos a los 12.046.799.

Digo, toda esa gente en una provincia cuando el país tiene un total 36 millones de habitantes. ¿No quieren separarse un poco? Así puedo abrirme de brazos y no chocarme con nadie. Pero es sólo una sugerencia. A mí me gusta que seamos muchos, pero no lleguemos nunca al extremo de Beijing por favor. Y tampoco caminen todos en la misma calle por la que voy yo. A veces eso me pone muy nerviosa. Hay grupos de personas que ocupan todo lo ancho de la vereda, no tienen en cuenta que uno viene caminando apurado atrás de ellos y que los quiere pasar. Algunos son muy desconsiderados, y otros… te hacen sonreír cuando tenes un mal día.

¿No te pasó nunca, a vos, en tu ciudad, que dos desconocidos se hayan puesto a discutir en medio de la calle por algo tan simple como chocarse? Hay veces que no se lo que le pasa a la gente, si ellos también tienen un mal día, o si son así siempre. Pero no se haga tanta mala sangre señora, le va a subir la presión. Encima hace mucho calor hoy, sientese. Relajese. Fue solo un golpe. Ya pasó.

Acá podes encontrar de todo. Pero me gusta, porque nadie está solo. Cada uno dentro de su estilo particular, tiene a un grupo semejante a él.

Un grupo, un punto de encuentro correspondiente, y su marca de ropa correspondiente, su bar, su peluquería, se ve que tienen miedo de mezclarse, no vaya a ser que pierdan su “unicidad”, o vean algo en el otro grupo que les pueda gustar. Sería una tragedia para ellos.

Yo también cumplo con varios de esos rituales. Pero no considero que tenga algún estilo en particular. Soy a-estilo. Y más me gusta conocer a los que son diferente, me ayudan a darme cuenta de las cosas que me estoy perdiendo.

Por eso me gusta el subte. Porque ahí nos mezclamos todos. No hay medio de transporte correspondiente para cada grupo. Pero el subte es distinto a todo.

Cuando salgo de trabajar, y me tengo que ir en una de mis corridas diarias a la facultad, estoy 20 minutos adentro del subte.

Al principio creí que me iba a aburrir, porque no es como el tren, que podes ver por la ventanilla, que si es un lindo día te entra el sol, y si esta caluroso corre el aire.

En el subte, miras por la ventanilla y…..pared. Pero la gente se sienta enfrentada al que va parado, no como en el tren que quedan de perfil. Generalmente viajo parada, porque es en la bendita “hora pico” que me lo tomo. Entonces, como no puedo ir leyendo un libro como hace el que está al lado mío (porque ya agarrada me suelo caer, ir sin manos no es una buena idea) voy leyendo las caras de los que tengo sentados enfrente. Si sus historias fuesen como me las imagino, sus vidas deben ser muy entretenidas: alguna siempre enamorada del saxofonista que está sentado tres asientos más a la izquierda, algunos son nuevos en la ciudad y no saben todavía como leer el recorrido del subte y sus caras van constantemente mirando si se pasaron o no… pero no saben que la catedral y la famosa Plaza de Mayo la encuentran en la ultima estación y no tienen posibilidad de pasarse; aquella chica está tan cansada que apenas puede mantener los ojos abiertos, seguro que se pasó la noche estudiando y ahora viene de trabajar para seguir estudiando; aquel directamente optó por quedarse dormido y poco a poco se va cayendo sobre la señora que tiene sentada al lado. Me da gracia como sutilmente la mujer intenta empujarlo para ver si despierta. Él se sobresalta y se hace el que no pasó nada. No es que se quedó dormido, simplemente estaba perdiendo el equilibrio con los ojos cerrados. El señor que está parado al lado de la puerta está preocupado, tiene el entrecejo muy fruncido, debe estar calculando gastos y deudas que tiene e intenta ingeniarselas para comprar el regalo que su hija le está pidiendo, aquel doctor en ambo debe estar rogando que nadie se desmaye ni tenga algún colapso porque sino no va a poder disimular que él puede ayudar y la verdad es que está cansado. Algunas historias por más entretenidas que parezcan tienen ese dejo tan…triste. No me gusta que la gente llore en el subte, porque no la puedo consolar. Esos son siempre problemas de amores… perdidos, claro.

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