miércoles

Cacerolazo

Movilizaciones en Grecia, en Egipto, en Argentina. Movizilización adentro mío. Siento miles de personas caminando hacia el centro, llevando pancartas escritas con lo que siento. Y ahí, cuando llegan, en medio de la plaza, los manifestantes gritan que ya están cansados, que esto así no puede seguir, que es hora de que las cosas cambien. Y te juro que esta vez no tiene nada que ver con el dólar.
No sentís a veces que adentro tuyo suenan mil voces agotadas, rebeldes? Hoy es una sola la que grita dentro mío, totalmente anárquica, con ganas de romper el orden establecido y hacer LA (no una cualquiera) revolución. Porque me cansé de aceptar las normas, de respetar los códigos de buena convivencia y hoy, solo quiero hacer, sin pensar en nadie más. Ya decía Durkheim que el atruismo lleva al suicidio. Por eso, hoy solo pienso en mí.
Revolución o muerte, me suena familiar.

martes

....a la goma...

Es bastante frecuente creer que estando lejos se pueden solucionar todos los problemas, que podemos olvidar nombres y caras, podemos superar dolores, podemos dejar de llorar. Yo, por lo menos, estaba convencida de eso. Creo que olvidé durante los primeros 15 días, creo que reí durante los siguientes veinte, pero con el paso del tiempo, todos los fantasmas fueron apareciendo. O por lo menos uno lo veía bien nítido. De repente lo tenía sentado ahí, en la mesa conmigo, tomando una cerveza. Menos mal que era, aunque sea, un encuentro amigable, pese a que mi cara estaba medio pálida.
Claro, algún día tenía que llegar el momento de pegar la vuelta, y cuando estaba en el avión, me di cuenta que mis problemas volvían conmigo. Lamentablemente no se perdieron en el aeropuerto como Kevin McAllister. No, señor. Estaban sentados en el taxi, a mi lado, volviendo a casa, donde iba a tener que resolverlos, sin olvidar, sin llorar. Y sabés qué? Acá, sin irme tan lejos, lo logré.

domingo

2-7

Descubrí que estoy más cerca de los treinti que de los veinti. Que los festejos incluyen cada vez menos gente y menos alcohol. Y me puse a pensar qué es en realidad lo grave de cumplir veintisiete. Veintisiete. Suena a mucho. Suena a que ya no se puede contar con los dedos de las manos y de los pies. Aunque hace siete años que ya no puedo hacerlo, pero recién ahora me parece mucho. En realidad desde los veinte me parece bastante, pero lo intentaba ocultar.
Pensé que soy la primera de mi familia que pasa los 25 sin una cana.Que no tengo arrugas o por lo menos no se me notan, que la gente me da muchos menos años de los que tengo (en realidad no sé si esto es taaan positivo, pero pensémoslo como un cumplido) pero la caipirinha... se volvió mi criptonita.
Intento seguir pensando por qué me parece tan malo tener veintisiete, y sin embargo, no encuentro una respuesta clara. Porque me doy cuenta que tengo de todo, que logré muchísimas cosas en este tiempo, que los años que pasaron no se desperdiciaron. Me encuentro con muchos proyectos en las manos que siendo más chica tal vez serían irrealizables, pero hoy en día son posibles. Creo que soy un poco más sabia con las cosas de la vida, un poco más madura con las del corazón y, para felicidad de mi madre, creo que aprendí algunas cosas más de cultura general.
Sí, estoy cansada. Sí, me encantaría no tener que madrugar todos los días y tener que cumplir un horario. Pero la vida no tiene solo 9 horas al día, ni 5 días a la semana. Hay más horas para aprovechar, aunque tal vez escaseen, aunque se pasen muy rápido. Pero me encanta como me encuentra mi nueva edad.
Algunas cosas todavía se están acomodando. Pero creo que, a fin de cuentas, tener veintisiete, no es para nada malo. Y eso que recién empiezan.

jueves

Noc Noc, who's there?

Hoy es de esos días en que las preguntas filosóficas golpean a la puerta y no estoy segura de querer abrirles. Dejar que se sienten a los pies de la cama, me hablen y me obliguen a pensar. Últimamente estoy cansada de pensar, solo tengo ganas de respirar, sentir, escuchar.
Apoyo los pies en el piso, siento el contacto con el suelo, está tibio, siento el roce de las medias y me doy cuenta de que estoy en tierra firme. Quiero darte la mano y que sientas que vos también lo estás. Que hoy sí podemos darle la espalda a las preguntas filosóficas, pero tal vez mañana, con unos mates, podamos conversar todos juntos. Y contestarlas.
Quiero darte la mano y que dejes de tener miedo. No te preocupes que todos tenemos miedo, aunque no lo mostremos, aunque no digamos nada. Algunos lo disimulan más que otros, unos pocos nos enojamos porque no sabemos qué se hace con el miedo. Pero a fin de cuentas, todos los superan, con más o menos trabajo. Y cuando miran para atrás, sonríen contentos de lo que pudieron lograr. Vas a ver cómo te vas a reír.

martes

The dog days are over

El amor es un tema que garpa. Sí, así, con ese término lo digo. Da de comer a muchas familias y muchas otras se alimentan de él.
Ni hablar de los amores frustrados, imposibles, obsesivos, perdidos y cuanto adjetivo calificativo peyorativo quieras poner. Esas son las mejores historias para contar y ni hablar para canalizar. Y encima, venden.
Pareciera que andar mal de amores es fuente de inspiración. Lo digo un poco por Hollywood y otro poco por experiencia propia.
Las mejores baladas de Rock piden perdón o se lamentan por un amor perdido, no importa si es por culpa propia o ajena. Los creadores de estos temazos aprovecharon y ganaron millones gracias a algo que hicieron mal durante una relación, algo bueno le tenían que sacar. Incluso un hitazo de reggaeton reza que aunque te haya engañado, me perdones porque te sigo amando. Y todos lo bailamos sin darnos cuenta qué dice la letra, pero seguro que Daddy Yankee está nadando en una pileta de dólares. O eso me hacen creer sus video clips.

Sin embargo, sin limusina y sin dólares en mi billetera prefiero salir de trabajar y saber que me está esperando. Tirarme al sillón y no ser protagonista de historias tragicómicas.

La soledad y la tristeza son otra fuente de inspiración. Cuando nos sentimos mal por estos motivos nos consolamos leyendo y sabiendo que existen otras personas que corren con la misma bendita suerte de tener historias sin final feliz. Lloramos con los protagonistas y proyectamos en ellos todo lo que quisiéramos que nos pase en nuestra vida. Nos sentimos identificadas con un completo desconocido, pero qué bueno, pienso, no soy la única que está sola. Ahí en esa pequeña caja negra también hay alguien que llora. Siempre hay alguien peor.

Hoy, por suerte, no soy consuelo de nadie. Que bueno, así lo prefiero. Sin número uno en los 40 principales.

Cajas de seguridad

Cada tanto, muy cada tanto, llega ese día tan esperado por nuestras madres mientras vivimos bajo su techo: el día de acomodar el placard. Es una actividad mucho más tediosa de empezar y mucho más profunda que un simple arreglo del dormitorio. Este lleva horas, lleva tierra en los dedos, lleva cosas perdidas, trae recuerdos. Y estornudos, por el polvo, claro.

Esta vez, como lo hice tantas veces antes, prometí que iba a dejar mucho más espacio libre, que iba a tirar esas cajas que tengo guardadas, que tienen cosas que ni yo misma recuerdo qué tienen. Sin embargo, son cosas tan viejas, que me da pena tirarlas, me da miedo deshacerme de ellas y olvidarme por completo, y que después, ya nada pueda traerme esa historia a la memoria. Mi caja va a estar vacía, y mi archivo personal también. ¿Acaso me estaré volviendo una acumuladora? Me quedo tranquila de que todavía tengo lugar para andar. Todavía tengo un par de años más para guardar.

Terminé de ordenar el placard. No tiré nada. Absolutamente nada. Ni un papelito. Ni un boleto de colectivo, que con sólo mirarlo sé en qué ciudad me lo tomé y hacia donde iba.
Encontré muchas cosas. Encontré un jueguito electrónico, con las pilas sulfatadas, que con verlo me acuerdo el sonido infernal que hacía y volvía loca a mi hermana. Encontré figuritas repetidas de distintos álbumes que completé, o que intenté completar.
En una bolsita había "tazos". ¿Alguien más se acordará de lo que era un tazo? El personaje de Kellogs recorriendo las grandes ciudades del mundo en 3d. Era emocionante comprar un paquete de chizitos. Me vi obligada a no tirarlos, creo que ya son algo histórico y que marcaron la infancia de unos cuantos.
Encontré cartas, muchas cartas. Algunas de amor, aunque suene cursi. Pero es lindo saber que alguna vez existieron. Será hora de tirarlas? Cómo saberlo... Otras eran de amigas que siguen conmigo, y de algunas que quedaron en el camino. Me doy cuenta que las extraño.
Encontré fotos y suspiré. Y las volví a guardar exactamente como las hallé.

Cerré el armario tal cual lo abrí, con la única diferencia que ahora los objetos no están guardados a presión y puedo abrir tranquila la puerta sin temer que se caiga todo.

Mamá tendrá que esperar a que llegue este día nuevamente, y tal vez, solo obligándome, logre que tire algo.

(para aquellos que no recuerdan a qué se parece un tazo, bueno, es esto! Alguien me dijo que hasta recordaba el acto de sacar el tazo del paquete de chizitos, chuparlo para limpiarlo, y el gusto a plástico que te quedaba en la boca. Totalmente de acuerdo)

domingo

Hay un monstruo abajo de mi cama

Pocas veces hablo de los miedos, por que yo, claro, no tengo miedos. No sé lo que es tener miedo. De chica la oscuridad nunca me obligó a dormir con la luz prendida, los aviones me emocionan y al mar, le tengo respeto, pero no me asusta. Las películas de terror las veo con los ojos abiertos.
Sin embargo, me doy cuenta que a esta edad, y a muchos de los que tenemos la misma edad, nos empiezan a surgir algunos interrogantes sobre la vida misma, y descubro que la raíz de todas esas preguntas no es más que... el miedo, sí señor. Aunque yo no lo pueda creer. Miedo a querer ser y no llegar a serlo, temor al paso del tiempo, pánico por sentirnos perdidos con nuestras vidas y no saber qué hacer, asustados por las decisiones que hay que tomar, no saber si son las correctas y la consecuencia de tenernos que hacer cargo de lo que pase, solos, porque ya estamos grandes para que madre, padre o tutor, nos firme la autorización. Horrorizados por darnos cuenta de que nos equivocamos hace mucho tiempo y ya no hay vuelta atrás.
Lo bueno es que no estamos solos, somos varios que nos sentimos así, que desconfiamos del futuro pero le queremos apostar por entero y ganarnos el gordo de Navidad. Por suerte no estamos solos y nos aconsejamos mutuamente, siempre hay una voz que te anima a subirte a la montaña rusa, no importa cuán alta sea ni cuántos rulos tenga. A veces hay que tomar una bocanada de aire y cerrar los ojos y confiar. No creo que lo que venimos construyendo hace tantos años esté tan errado.

Por eso te pido que me agarres de la mano, porque no te lo dije, pero hoy tengo miedo. Y sola no puedo.

miércoles

Tachame la doble

Malditas decisiones. Algunas pesan, otras las tomamos sin darnos cuentas. Lo malo es que ser grande hace que las decisiones también sean más grandes. Siempre hablo de las decisiones, se ve que es un tema que no tengo resuelto. Se ve que todavía, hay muchas cosas por decidir. Hoy más que nunca.

¿Cómo determina uno qué priorizar en la vida cuando todo parece ser importante? Cómo equilibramos los deseos con las necesidades?
¿Alguien me asegura que si hago lo que me gusta no voy a morir de hambre en el intento?
¿Es realmente mi capacidad de adaptación tan maravillosa como yo creía? ¿Es la supervivencia del más apto lo que nos mantiene en la línea de la evolución? ¿El hombre tiene instinto como los animales para saber si jugárselas o no? A veces con la razón no es suficiente. Y con el corazón, da miedo.

¿Alguien me contesta?