Hagamos una aclaración, para poder entender la vida: la práctica está muy lejos de la teoría (el 98,3% de las veces) Está en cada uno de nosotros hacer que este ejercicio sea siempre un poco más perfecto y ambos conceptos se vayan alineando.Pero cuesta. Y una toma decisiones drásticas del estilo de “Hasta que no pase un año desde que conozco al chico, no pienso ponerme de novia con él, porque al final, siempre me venden algo que no es”
La idea, como toda idea innovadora, logra impactarme y captar mi atención. Me lleva a pensar que, entonces, esa persona con la que decidiéramos salir, sería un amigo, algún conocido de hace tiempo, pero me pregunto yo… nos seguirá emocionando el verlo?¿ no habremos podido establecer una verdadera relación porque la tan entrometida tensión sexual no nos deja ser como somos con "él" como con cualquier otro? Me cuesta figurarme personas que podrían entrar en la categoría “más de un año” y que podríamos hacer buena pareja.
Pero a quien piensa eso, se le escapó el detalle de que las cosas que pasan sin pensarlas, por casualidad (o causalidad como a otros les gusta pensar) y sin esfuerzo alguno, siempre salen mejor. Creo que porque tienen más libertad, se sienten más cómodas al poder maniobrar para donde gusten… sin estar sujetas a un mapa de la realidad.
Curioso. Veamos la realidad. Se le escapó de la teoría… pero no de la práctica. Se olvidó en ese momento de seguir los pasos fijados por la ciencia, no podía hacer sinapsis sobre qué era lo racional, raro en ella… teoricista un 100% (cree que la teoría es empiria pura, no necesita de comprobaciones fácticas)
Reconstruyamos los hechos: "él" nos deja con el alma destruida, una se encuentra sola y desamparada haciendo todo lo posible por sentirse peor y martirizandose por lo que ya no tiene. Ganas de nada, eso es lo que experimenta. Y se pone de fondo la canción de amor más triste que pueda haber. Ve las películas de amor más lindas de todas y piensa en lo sola que está. Una daga al medio del corazón. Después la calma va llegando, muy de a poco y empezamos a analizar en retrospectiva ese pequeño momento que se vivió en compañía de otro semejante. Pensar… se piensa tanto dirían los naturalistas que por eso nunca vamos a llegar a estar al nivel de las ciencias naturales. Pensamos en qué hicimos y qué dejamos de hacer, en qué se dijo y qué se dejó de decir, en lo que pudimos haber hecho y menos mal no hicimos, en lo que pudimos haber hecho y… la puta, no lo hicimos.
Entonces, se llega a la mejor conclusión del mundo. Para estar seguras. Para tener una obra social que nos respalde por si nos lastimamos. “Ahora sí eh! esta vez va enserio! Si no lo conozco por un año, no le pienso prestar atención!” Pero los acontecimientos se siguen sucediendo, no se finalizan al llegar a esta clave del supuesto éxito que permitirá que dejemos de sufrir.
Entonces, descubrimos a la semana y media de haber hecho nuestro mejor esfuerzo mental y haber concluido en lo que pudo haber sido la mejor teoría para nosotras hace una semana y media atrás, que ahí está, nos está mirando y nos encanta.
Te sentas con las piernas cruzadas ahora, te tocas el pelo y te haces la que te reís cuando no sabes ni de que hablan. Te pones de pie, vas caminando hacia el baño, moviendo tus caderas lo mejor posible, y seguro que pisas algo que te hace tropezar, o una cáscara de banana que te hace patinar, en cuestión… “acá no pasó nada” y seguís caminando. “Ojalá que justo recién no me haya estado mirando” pero atenete a las consecuencias, estabas haciendo todo para que te mire, y bueno…lo lograste. Te vio patinar. Llegas al baño, sonreís frente al espejo para comprobar que tus dientes tienen un color uniforme y no hay nada entre ellos que llame la atención. Comprobás cómo te queda mejor el pelo: si atado o suelto, si arreglado o con un despeinado “ocasional”. Te mirás de frente, y por las dudas también te mirás de espalda, asomando la cabecita por el hombro para ver tu reflejo en el espejo. Sisi, el pantalón te queda bien, ya lo sabias igual.
Volves al centro de reunión y se te acerca "él" a charlar. Y ahí empieza todo otra vez. El punto de partida de nuestra futura melancolía. La calma que de a poco había llegado, se esfumó más rápido que un chasquido.
Pero que bien se siente. En ese momento no importa cuanto es. ¿Una semana? ¿Tres meses? ¿Un año?Te decidis a arriesgarte, no podes perder nada. Sólo pasar por algo ya conocido. Qué tan grave puede ser esta vez.
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