martes

Cajas de seguridad

Cada tanto, muy cada tanto, llega ese día tan esperado por nuestras madres mientras vivimos bajo su techo: el día de acomodar el placard. Es una actividad mucho más tediosa de empezar y mucho más profunda que un simple arreglo del dormitorio. Este lleva horas, lleva tierra en los dedos, lleva cosas perdidas, trae recuerdos. Y estornudos, por el polvo, claro.

Esta vez, como lo hice tantas veces antes, prometí que iba a dejar mucho más espacio libre, que iba a tirar esas cajas que tengo guardadas, que tienen cosas que ni yo misma recuerdo qué tienen. Sin embargo, son cosas tan viejas, que me da pena tirarlas, me da miedo deshacerme de ellas y olvidarme por completo, y que después, ya nada pueda traerme esa historia a la memoria. Mi caja va a estar vacía, y mi archivo personal también. ¿Acaso me estaré volviendo una acumuladora? Me quedo tranquila de que todavía tengo lugar para andar. Todavía tengo un par de años más para guardar.

Terminé de ordenar el placard. No tiré nada. Absolutamente nada. Ni un papelito. Ni un boleto de colectivo, que con sólo mirarlo sé en qué ciudad me lo tomé y hacia donde iba.
Encontré muchas cosas. Encontré un jueguito electrónico, con las pilas sulfatadas, que con verlo me acuerdo el sonido infernal que hacía y volvía loca a mi hermana. Encontré figuritas repetidas de distintos álbumes que completé, o que intenté completar.
En una bolsita había "tazos". ¿Alguien más se acordará de lo que era un tazo? El personaje de Kellogs recorriendo las grandes ciudades del mundo en 3d. Era emocionante comprar un paquete de chizitos. Me vi obligada a no tirarlos, creo que ya son algo histórico y que marcaron la infancia de unos cuantos.
Encontré cartas, muchas cartas. Algunas de amor, aunque suene cursi. Pero es lindo saber que alguna vez existieron. Será hora de tirarlas? Cómo saberlo... Otras eran de amigas que siguen conmigo, y de algunas que quedaron en el camino. Me doy cuenta que las extraño.
Encontré fotos y suspiré. Y las volví a guardar exactamente como las hallé.

Cerré el armario tal cual lo abrí, con la única diferencia que ahora los objetos no están guardados a presión y puedo abrir tranquila la puerta sin temer que se caiga todo.

Mamá tendrá que esperar a que llegue este día nuevamente, y tal vez, solo obligándome, logre que tire algo.

(para aquellos que no recuerdan a qué se parece un tazo, bueno, es esto! Alguien me dijo que hasta recordaba el acto de sacar el tazo del paquete de chizitos, chuparlo para limpiarlo, y el gusto a plástico que te quedaba en la boca. Totalmente de acuerdo)

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