Descubrí que estoy más cerca de los treinti que de los veinti. Que los festejos incluyen cada vez menos gente y menos alcohol. Y me puse a pensar qué es en realidad lo grave de cumplir veintisiete. Veintisiete. Suena a mucho. Suena a que ya no se puede contar con los dedos de las manos y de los pies. Aunque hace siete años que ya no puedo hacerlo, pero recién ahora me parece mucho. En realidad desde los veinte me parece bastante, pero lo intentaba ocultar.
Pensé que soy la primera de mi familia que pasa los 25 sin una cana.Que no tengo arrugas o por lo menos no se me notan, que la gente me da muchos menos años de los que tengo (en realidad no sé si esto es taaan positivo, pero pensémoslo como un cumplido) pero la caipirinha... se volvió mi criptonita.
Intento seguir pensando por qué me parece tan malo tener veintisiete, y sin embargo, no encuentro una respuesta clara. Porque me doy cuenta que tengo de todo, que logré muchísimas cosas en este tiempo, que los años que pasaron no se desperdiciaron. Me encuentro con muchos proyectos en las manos que siendo más chica tal vez serían irrealizables, pero hoy en día son posibles. Creo que soy un poco más sabia con las cosas de la vida, un poco más madura con las del corazón y, para felicidad de mi madre, creo que aprendí algunas cosas más de cultura general.
Sí, estoy cansada. Sí, me encantaría no tener que madrugar todos los días y tener que cumplir un horario. Pero la vida no tiene solo 9 horas al día, ni 5 días a la semana. Hay más horas para aprovechar, aunque tal vez escaseen, aunque se pasen muy rápido. Pero me encanta como me encuentra mi nueva edad.
Algunas cosas todavía se están acomodando. Pero creo que, a fin de cuentas, tener veintisiete, no es para nada malo. Y eso que recién empiezan.
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