miércoles

Hacele caso a tu estómago

Uno experimenta las cosas de la vida tanto al interior, como en el exterior. Los pensamientos pasan por la cabeza, las acciones pasan a nuestro alrededor y las sensaciones, por dentro.
Hay que tomar una decisión y no estás seguro de cuál es el camino que has de seguir. Lo hablaste con tus amigos, con tu familia, con tu pareja, sin embargo, nada de lo que dicen te convence. Es algo que tenés que charlar vos con vos y con tu... estómago.

Desde que tenés esto en la cabeza la comida ya no te cae bien, tenés menos hambre o, tal vez, más. Pero tenés una sensación que te recuerda constantemente que en el medio de tu cuerpo hay un órgano que también decide y que solo se va a tranquilizar cuando tomes la decisión correcta.

Algo te hace ruido en la mente y en la panza. Y no es el hambre ni la digestión. Te das cuenta que estás intranquilo, que tus intestinos están anudados como soga abandonada dentro de un cajón. Esto no se desatará hasta que te promulgues con una respuesta definitiva, la que te devuelva el hambre, la que te saque el dolor de estómago.

En el fondo, uno siempre sabe qué tiene que hacer, pasa que no sabemos prestar atención al cuerpo.

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