domingo

Admitámoslo

Sé que somos un género complicado. Que hablamos mucho y decimos poco. Que nos quejamos, pero también agradecemos... menos. Reconozco que pocas veces decimos lo bueno, y muchas lo malo. Pero sé, y no tan "en el fondo", que así como son, para cada una, cada uno es increíble, aunque nos quedemos calladas y no se los digamos.
Muchas veces hablo desde el miedo, me quejo porque tengo miedo, y siempre es más fácil dejar que me domine que dominarlo. Te das cuenta el rumbo que está tomando tu vida, que si bien lo ansiás y te emociona... siempre asusta. Ya sos grande. ¿Acaso soy grande? Está bien que el mes que viene sea mi cumpleaños, pero hay algo que no me hace sentir del todo grande. Será que soy la menor en casa.
Reprochamos porque tenemos miedo. Miedo de que nos convirtamos en algo que no esperamos, pero de repente somos. Reprochamos porque no sabemos de qué otra manera reaccionar, y porque tal vez sea la más fácil. Porque no quiero mostrar mi preocupación y me sale "esto". Y lo admito, tu manera de manejar las cosas y las charlas a veces es mucho más simple y menos problemática. Pero no te lo puedo decir a vos, no en la cara. Quizás cuando duermas te lo admita. Pero no me hagas caso. No siempre todo lo que digo es cierto. A veces las palabras brotan de mi boca como si tuviera incontinencia verbal, pero realmente no lo procesé antes, y lo dejé salir. Y después me arrepiento.
Hay días en que preferiría callar y no discutir, porque sinceramente no tiene sentido, ni siquiera motivos. Pero ahí voy nomás. A defender lo que no sé por qué hoy tengo ganas de defender, que ni sé si me importa, pero tengo que llevar la contra. Y vos la tenés mucho más clara. Me dejas hablar hasta que me canse y me dé cuenta que nada de esto tiene relevancia.
Por eso te digo, a veces entre tanto palabrerio se perdió lo esencial. Otras, es necesario, claro, pero me atrevería a decir que esas veces... son las menos. Yo tengo que agradecer más, quejarme menos. Porque me encanta que sea así como es. Porque él no se queja. Él me acepta tal cual soy. Debería aprender de él. Por eso lo quiero tener toda la vida al lado mío. No debería tener miedo, pareciera que el rumbo que toma mi vida no podría estar mejor acompañado.

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