lunes

Enamorarse del desconocido

Conozco muchos casos. Es como si fuera una etapa necesaria en la vida, que no se puede esquivar, que tarde o temprano te va a tocar. Será culpa de la mente humana, que genera ideales cuando no se conocen las cosas por completo, o miedos que ocultamos aferrándonos a una persona, no importa cuánto la conozcamos, o... vaya uno a saber qué puede ser. Pero hay una realidad y ésa es que el extraño, esa persona que no conoces por completo, finalmente te termina enamorando. Te va a atacar con todas sus armas, te atrapará con sus garras aunque quieras escapar de él (mentira, estás corriendo hacia sus brazos) y creerás que fue amor a primera vista.
Los defectos no existen, te parece perfecto, que no hay posibilidad de que se lleven mal y jamás se van a pelear, porque en las pocas horas que pasaron juntos la química fue increíble desde el comienzo, y eso no es algo que sea fácil de encontrar. Es la síntesis de lo que siempre estuviste buscando. Tiene todo lo que a vos te gusta en el sexo opuesto. Nacieron para estar juntos. Es tu media naranja, tu príncipe azul.
Y en tu cabeza la vida a su lado es sinónimo de perfección, porque quedaste colgada de una imagen que duró un rato, más largo o más corto, pero que no sabemos cuánto tiene de real. Probablemente poco. Vivis de un recuerdo que te convences de que hubiera sido así todos los días. Te preguntás por qué, por qué pasa el tiempo y seguis firme en tus convicciones de que es la persona indicada para vos. Idealizas, claro, y en cierto punto te gusta, porque por lo menos así tenés una idea de la que agarrarte, que parece ser mejor que no tener nadie ni nada, te permite soñar, aunque sea por un rato.
Pero de repente, te das cuenta de que no la estás pasando del todo bien colgada de este ideal. Que la imagen que tenes en tu mente se empieza a opacar, que tal vez no nacieron tan uno para el otro como creías. Tu enamoramiento resulta que no era amor, era simplemente un vacío relleno con un cítrico, que por unas horas te gustó, pero solo duró eso, unas horas. Te das cuenta que la perfección... resulta aburrida.

Es fácil enamorarse de lo que queremos que el otro sea, por eso mejor es enamorarse de lo que el otro es, aunque cueste un poco más.

No hay comentarios: